Por. Jaime Flores Cedeño
Prof. de Filosofía e Historia-
Abogado
En un escenario geopolítico convulsionado, donde impera la política de los misiles y del más poderoso, surge una esperanza internacional con la República Popular de China, que no proclama guerras, ni conflictos, sino, que busca la paz en el planeta bajo el concepto de la coexistencia pacífica, el cual más que un nombre es un sentido práctico de la vida, porque brinda las vías necesarias de entendimientos entre las naciones, evitando conflagraciones que podrían generar la extinción de la especie humana.
El mundo en el siglo XX, experimentó conflictos armados que pudieron haberse detenido, a no ser, por la política imperialista y hegemónica de distintas potencias impulsadas por los círculos de poder, que pensaban en sus riquezas, y no, en el bienestar de su población, que era lanzada a guerras voraces que provocaban muerte y desolación, dejando una marca indeleble en el subconsciente colectivo, que solo el tiempo puede superar.
La RPCH, conoce de guerras, porque siempre ha sido la codicia de macroestados, que tenían como norte apoderarse de sus recursos y colonizar su geografía. La Guerra del Opio y la invasión japonesa en la década del treinta del siglo pasado trajo la muerte de millones de chinos, que fueron reivindicados por Mao Tse- Tung, quien luchó incansablemente en la defensa de la Patria, a fin de preservar su cultura, la soberanía territorial y un futuro de libertad.
La China en poco menos de 50 años se ha transformado en una superpotencia política, social, militar y económica, pero también moral, con una sociedad que ha dado pasos colosales en la erradicación de la corrupción, el hurto, los robos y otros delitos, que destruyen a los países del occidente, principalmente, la droga y todos sus derivados. Mientras China transitaba en el cambio profundo a favor de la población, del otro lado del mundo, en las naciones capitalistas, la constante era la división de clases, la explotación, las guerras de rapiña y el enriquecimiento individual, dislocaciones estructurales de una cultura que reduce a los individuos a simples objetos o cosas.
Los chinos entendieron hace muchos años que el cambio si bien era orgánico, no se podía realizar sin la transformación del sujeto histórico que es la población. Se requería, para ello, una nueva sociedad con valores ejemplarizantes, no solo en discursos y en versos, sino con responsabilidad práctica. Se dispensaba que la persona fuera consciente de su época y de su realidad, sin olvidar el pasado, porque aquellos pueblos que lo olvidan, están destinados a volver a las cadenas de la esclavitud.
China requería liberarse de los atavismos y de las presunciones de tipo servil que adocenaron a la población, en este orden, se hacía imperante un camino que guiara el horizonte y eso se logró con la implementación de los planes quinquenales en los años 50, que han sido hasta el presente la brújula que ha dirigido el destino del pueblo, bajo la orientación del Partido Comunista Chino, que con sus líderes han hecho de China una Nación vanguardia en el mundo, que lucha por la paz, pero que si fuere el caso, está preparada para cualquier evento defensivo que altere los límites de su soberanía.
La República Popular de China ha sido el único país en el mundo que sacó de la pobreza a cientos de millones de ciudadanos, por medio de la educación, el trabajo y el fortalecimiento del núcleo familiar. Las imágenes que se muestran de China por los medios de comunicación reflejan un país adelantado para su tiempo en materia científica y tecnológica, que brilla con luz propia y cuyos logros desea compartir con el resto de las naciones principiando el concepto de ganar- ganar.
A la RPCH, no la veremos dando Golpes de Cuartel, asesinando personas, ni secuestrando mandatarios, menos invadiendo, ni colonizando, eso sí, se palpará su deseo de estrechar lazos de amistar y confraternidad con los países, sin condición alguna, prevaleciendo siempre el respeto de los Estados, su soberanía, integridad y autodeterminación.
Muchos gobernantes y ciudadanos de occidente jamás van a entender los grandes logros de China y menos su liderazgo mundial, porque han vivido inmersos en la vorágine capitalista, que se autoproclama como el único sistema imperante, que trae el deterioro de la sociedad, propagando la pobreza, las carencias y necesidades extremas. Contrario al capitalismo, el socialismo de China, crea riqueza social para el pueblo y no para las élites dominantes. Las fábricas, industrias y comercio de China contienen una responsabilidad social que es vista como un objetivo estratégico discutido y consensuado con la población.
El socialismo de China triunfa cada día y representa un ejemplo para el mundo, sus decisiones son democráticas y difundidas masivamente. Cabe destacar, que hace algo más de 70 años, al terminar la Guerra eran muchos los que no avizoraban a una Nación China como la que se ha construido hoy, con pilares fuertes y firmes que son fuente de paz, armonía y desarrollo permanente.
