El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, sostuvieron una llamada telefónica calificada por ambos como extensa y positiva, en un contexto marcado por tensiones comerciales, disputas estratégicas y conflictos internacionales que influyen directamente en la estabilidad global.
Uno de los ejes centrales del diálogo fue el comercio bilateral. Trump destacó la importancia de reactivar acuerdos económicos y abrir espacios para mayores compras de productos estadounidenses por parte de China, una señal dirigida tanto a los mercados como al sector agrícola de su país. Para Pekín, el tema comercial representa una vía para reducir fricciones sin ceder en áreas consideradas estratégicas.
La conversación también incluyó asuntos de seguridad internacional. Xi reiteró la postura china sobre Taiwán, subrayando la necesidad de manejar el tema con cautela para evitar una escalada regional. Por su parte, Trump planteó preocupaciones sobre conflictos activos como la guerra entre Rusia y Ucrania, así como el papel de Irán en el equilibrio geopolítico de Medio Oriente.
Más allá de los temas puntuales, la llamada tuvo un fuerte componente diplomático y simbólico. Trump insistió en el buen estado de su relación personal con Xi, mientras que el mandatario chino habló de resolver diferencias mediante el respeto mutuo y el diálogo. Este tono busca reducir la confrontación pública y enviar señales de estabilidad a la comunidad internacional.
Analistas interpretan el contacto como un paso previo a encuentros presenciales de alto nivel, en los que ambas potencias podrían negociar acuerdos más amplios sobre comercio, energía y coordinación diplomática. En un escenario global marcado por la incertidumbre, el diálogo directo entre Washington y Pekín aparece como un intento por contener riesgos y administrar sus diferencias sin romper canales de comunicación.
