El Presidente Nayib Bukele dejó claro que gobernar no es opinar desde la comodidad de un tuit, sino ejecutar políticas públicas con visión integral. Esta vez, el intercambio surgió tras las declaraciones de Irma Villalpando, doctora en pedagogía, escritora y docente de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien aseguró que el modelo “One Laptop Per Child” es “uno de los fracasos documentados más grandes del solucionismo tecnológico en educación”.
Para la doctora, bastó un video de 33 segundos para concluir —con tono de suficiencia— que lo que ocurre en El Salvador es simple “relumbrón político”. Análisis exprés, diagnóstico instantáneo, sentencia final. Pedagogía al estilo TikTok.
La respuesta del mandatario fue directa: el programa educativo salvadoreño no se reduce a entregar laptops. Incluye uniformes, zapatos, útiles escolares, libros de texto nuevos, transformación profunda del currículo, atención desde la primera infancia, aprendizaje desde el juego, tutores de inteligencia artificial, capacitación masiva de docentes y la reconstrucción integral de todas las escuelas del país.
El contraste es evidente: mientras un gobierno ejecuta una reforma educativa sin precedentes, algunos opinadores prefieren el atajo del eslogan académico para descalificar procesos complejos que ni siquiera se han tomado el tiempo de estudiar. Crítica sin contexto, juicio sin evidencia, autoridad sin responsabilidad.
La academia es valiosa cuando aporta, no cuando pontifica desde la ignorancia selectiva. Con mentes retrógradas y análisis superficiales, no hay progreso posible. Y El Salvador, claramente, decidió avanzar.
