Visiblemente emocionado, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, tardó varios segundos en reaccionar al escuchar su nombre como ganador del Grammy al Mejor Álbum del Año, pero al subir al escenario, se expresó principalmente en español y dedicó el galardón a la comunidad latina y a quienes han dejado su país de origen en busca de un futuro mejor.
“Gracias a todas las personas que han creído en mí durante toda mi carrera”, dijo antes de recordar a quienes se han visto obligados a migrar.
No fue la única vez que el cantante utilizó la gala como plataforma de denuncia, porque minutos antes, al recoger el premio a mejor álbum de música urbana, provocó una de las ovaciones más intensas de la noche con un mensaje directo contra las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
“ICE out”, lanzó ante un auditorio en pie, para luego añadir: “No somos salvajes, no somos animales. Somos humanos y somos estadounidenses”.
Sus palabras resonaron en un contexto de creciente tensión social en Estados Unidos, marcado por redadas y operativos migratorios cuestionados por organizaciones de derechos humanos.
El artista insistió en que la música puede ser un vehículo de cambio y llamó a frenar la espiral de confrontación: “El odio se vuelve más poderoso con más odio. Lo único más poderoso que el odio es el amor. Por eso tenemos que ser diferentes”, afirmó.
La noche del domingo también estuvo marcada por otros récords, como el de Kendrick Lamar, que amplió su palmarés hasta los 26 Grammy y se consolidó como el rapero más premiado de la historia, aun así, el foco terminó desplazándose hacia el puertorriqueño, que llegó a la ceremonia con seis nominaciones y se marchó como protagonista absoluto.
