La abogada y política española Macarena Olona reaccionó con firmeza y emoción a unas recientes declaraciones difundidas en la televisión española, donde se afirmó que “no se quiere un Bukele en España”, en referencia al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y a su modelo de seguridad.
Lejos de responder desde la confrontación, Olona habló desde la experiencia, el sentimiento y el contacto directo con la realidad salvadoreña, señalando que ese rechazo mediático revela una profunda desconexión entre ciertos discursos y el clamor de millones de ciudadanos que viven o han vivido bajo el miedo.
“Cuando se dice que no se quiere un Bukele en España, a mí me duele”, expresó, al tiempo que subrayó que ese mensaje ignora el sufrimiento de las víctimas y el anhelo legítimo de vivir en paz.
Un discurso que nace del dolor y la comparación
Olona explicó que sus palabras no parten de una idealización política, sino de haber caminado territorios que durante años estuvieron dominados por el crimen y hoy son espacios de convivencia, alegría y libertad. Para ella, el modelo salvadoreño no es un eslogan, sino la prueba de que el Estado puede recuperar la autoridad y devolverle la dignidad a su pueblo.
Desde esa vivencia, cuestionó que en España se descarte siquiera el debate sobre políticas firmes de seguridad, mientras muchas familias viven con miedo a salir a la calle o a usar un teléfono móvil en determinados barrios.
“Sin seguridad no hay libertad”
Con un tono sereno pero cargado de convicción, Olona reiteró una de las ideas centrales de su discurso: la seguridad no es una opción ideológica, es una condición previa para la libertad. A su juicio, negar modelos que han demostrado resultados es cerrar los ojos ante una realidad que ya golpea a Europa.
“Yo no pido copiar países ni líderes —señaló—, pido que se escuche a las víctimas, que se mire a quienes han sufrido y que se entienda que la ley y el orden también son derechos humanos”.
Un mensaje que interpela
Para Macarena Olona, la figura de Nayib Bukele incomoda no por lo que representa ideológicamente, sino por lo que demuestra: que con determinación política se pueden cambiar realidades que parecían condenadas al fracaso.
Su mensaje final no fue de imposición, sino de reflexión: entender por qué millones de personas, dentro y fuera de El Salvador, ven en ese modelo una esperanza. “No se trata de querer o no querer un Bukele —concluyó—, se trata de querer vivir sin miedo”.
